|
En las democracias modernas la soberanía política
radica en el pueblo, aún cuando la ejerza a través de sus
representantes. Por el derecho del sufragio el pueblo elige y selecciona
los candidatos para convertirlos en sus representantes. En nuestro sistema
es obligatorio votar, no el votar por alguien. Particularmente en
épocas de descreimiento o de crisis de credibilidad en la clase
política es bueno y conveniente establecer procedimientos electorales
que hagan posible sea la renovación de los cuadros, o la reforma
de los sistemas, con miras al acceso al gobierno de los mejores. Ciertamente
no logra ese objetivo colocar al votante, para emitir un voto válido
y computable, hacerlo por quiénes considera los menos malos o sin
antecedentes satisfactorios o con un programa de acción con el
que no comulga, o simplemente porque ignora de quién o quiénes
se encuentran en la perversa y vulgar "lista sábana".
Dentro de nuestra realidad política, el monopolio partidario, las
componendas pre-electorales, la actuación de punteros y las múltiples
defecciones del escenario al que la población asiste, obran en
desmedro de la calidad en la preselección, razón por la
cual las disyuntivas que se presentan al electorado dejan mucho que desear
en cuanto a la idoneidad de los candidatos e, incluso, en lo que hace
a sus condiciones morales o a su carencia de antecedentes penales!. El
voto en blanco es el acto político por el cual el ciudadano manifiesta
su disconformidad con los candidatos que se presentan a cubrir los cargos
de gobierno y/o con las plataformas que ofrecen los partidos políticos
que los proponen. Si bien la Constitución Nacional lo excluye expresamente
cuando regula la elección de la fórmula presidencial (arts.97
y 98), y podría dar a entender que lo rechaza cuando considera
computables los votos afirmativos válidamente emitidos en el caso
de la
necesidad de la doble vuelta, entendemos que el adjetivo "afirmativo"
no excluye el voto en blanco en tanto es una manifestación de voluntad
libre y positiva de rechazo a los postulados. Por otra parte la invalidez
(nulidad del sufragio) debe ser circunscripta a los supuestos de excepción
de impugnación neta, en la que no resulte posible desentrañar
la voluntad del sufragante.
     Como ha dicho con toda razón
el Dr. Adolfo Bernardo Saravia " la resistencia al poder es uno de
los derechos legítimos e inalienables de la persona reconocido
en todas las constituciones modernas y su
ejercicio no supone necesariamente una posición negativa o revolucionaria".
Traduce una acción tendiente a superar imperfecciones o -como dice
el autor- " desviaciones de la vida política". De todas
maneras para ubicarnos con prudencia dentro del quicio constitucional
esta necesaria reforma se acota, por el momento, a la elección
de representantes en el Congreso de la Nación. La ley vigente no
legisla el voto en blanco, es más lo considera en el escrutinio
como una categoría legal o legítima, sin otro efecto que
disminuir la percepción de aportes establecida en el Decreto 671/99.
Agrega el autor citado "Qué solución le ofrece el sistema
político a un ciudadano para el ejercicio de su derecho al sufragio
si éste no encuentra coincidencias con ninguno de los candidatos
ni con las plataformas que ofrecen los partidos políticos. Votar
por los menos malos le crea una gravísima responsabilidad al haber
dado su apoyo a personas o ideas que después podrán ejercer
el poder en perjuicio del bien común.
Descartando el voto observado o anulado por considerarlo defectuoso la
única posibilidad que le queda es el voto en blanco, condenado
a la inexpresividad por nuestra legislación y beneficiando indirectamente
a candidatos e ideologías con las que no concuerda o que le producen
un profundo rechazo. Una forma de dignificar el voto en blanco es convertirlo
en un voto ejemplificador asignándole en el sistema electoral algún
tipo de representación; estableciendo, por ejemplo, un sistema
por el cual el voto en blanco genere bancas sin cubrir en los órganos
representativos. Esto obligaría a la dirigencia política
a preocuparse por adquirir una mayor profesionalidad ante el peligro de
quedar sin electores al perder su prestigio ante la opinión pública.
La República Argentina necesita como nunca gobernantes virtuosos
en el manejo de la cosa pública y la posibilidad de que queden
cargos sin cubrir será un acicate para alcanzar una mayor profesionalidad
en el cumplimiento de su mandato representativo. Otra cuestión
de menor importancia que me conduce a reconciliar el voto en blanco con
la legislación electoral es la economía que significaría
restar el presupuesto nacional los salarios de los cargos públicos
que en consecuencia queden vacantes.
     Significaría un ahorro en
los sueldos de los legisladores, sus asesores y auxiliares que quedarían
sin incorporarse por este motivo. La modificación legislativa que
puede dar marco a este sistema manteniendo el sistema electoral que se
aplica en la actualidad sería computar los votos en blanco y adjudicarlos
como si
fuera un partido más, dejando vacías las bancas que le corresponden
por las cifras obtenidas. Esto no afecta a las mayorías y los quórum
que establece la Constitución Nacional dado que siempre se calculan
de acuerdo a porcentajes".
El proyecto canaliza la voluntad política de un importante sector
de independientes y en beneficio del bien común da mayor genuinidad
a la expresada a través de las urnas.
Dr. Wenceslao Tejerina
|

Baje
el Acrobat Reader gratis!!!
|
|